
Ir de compras y decorar árboles de Navidad,
Navidad en la casa, fiestas en el trabajo,
Parientes políticos y familiares,
Galletas que hornear, paquetes que entregar y recibir,
Víspera de año nuevo y partidos de fútbol,
Autobuses escolares e ir al trabajar.
¡El tiempo vuela! Ya terminó otro año. Los buenos propósitos del año pasado no fueron cumplidos, ni los proyectos que se empezaron en enero se terminaron. ¡Necesito otra hora durante el día! ¡Necesito otro día en la semana! Los días festivos refuerzan la verdad del refrán: ¡El tiempo es oro!
Siempre tratamos de hacer tiempo para las cosas importantes; sin embargo, algunas veces la invitación a la cena de Noche Buena se nos olvida, los juguetes todavía no han sido ensamblados y la llamada telefónica a mamá no se ha hecho. Qué pena y qué tristeza sería si nos olvidáramos de un miembro de la familia para la Navidad.
Nuestra ajetreada vida puede hacer que se nos olviden cosas muy importantes. Cuando llegan los días festivos, todo empeora, se nos olvidan las pequeñas promesas que les hicimos a nuestros hijos. Apenas vemos a nuestro cónyuge al salir apresuradamente de la casa. No compartimos tiempo con la familia como nos gustaría.
Dios entiende el dilema. Nuestro Padre celestial “determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios” (Hechos 17:26). Nuestro tiempo está en las manos de Dios, él nos ha dado la vida para que disfrutemos de su creación y de todas sus bendiciones, pero sobre todo, nos dio tiempo para que lo conozcamos. Él hizo esto “para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren. En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:27). Él quiere que sepamos que es mucho más que un juez recto del pecado. Él no solamente nos juzga, sino que también “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
Cristo Jesús nos entregó 33 años de su vida y, a pesar de que conoce el tiempo desde el punto de vista del Creador, también comprende la importancia del tiempo desde nuestro punto de vista. Jesús utilizó su tiempo para que tuviéramos tiempo con Dios, y nos entregó su vida para darnos la vida eterna.
Ahora que los días festivos han terminado, dedíquele más tiempo a su Padre celestial. Él nos dice: Éste es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación!” (2 Corintios 6:2). Su Padre celestial siempre tiene tiempo para usted.
No permita que este tiempo precioso se le escape de las manos. Haga tiempo para su clemente Padre.