
“Papi, necesito tu ayuda,” dijo Samuel de siete años, que estaba tratando de construir una casita para el perro de la familia, pero era un reto tratar de cortar y unir las tablas de madera. Su padre se sentía honrado de que su hijo acudiera a él en búsqueda de ayuda, así que con gusto le proporcionó su ayuda y completaron el proyecto.
No importa si tenemos siete o setenta y siete años de edad, todos necesitamos ayuda. Cuando los retos de nuestro trabajo se vuelven más de lo que podemos soportar, sería prudente pedir ayuda. Es posible que necesitemos de una mano experta que repare el auto o el techo de la casa, porque si intentamos hacerlo, posiblemente empeoraríamos la situación. Cuando la relación con una persona deteriora y está a punto de terminar, es conveniente buscar la ayuda de alguien que sirva de mediador.
Qué absurdo sería buscar la ayuda de alguien que no fuera competente o que no se pueda fiar. Yo no le pediría ayuda a alguien que reparara la transmisión de mi automóvil si esa persona no sabe de mantenimiento de vehículos. Yo no le pediría a alguien que me ayudara con un trabajo si estoy seguro de que esa persona no estará disponible cuando la necesite. Es importante poder contar con las personas que tienen la habilidad para ayudar.
Sin embargo, siempre podemos contar con la ayuda de Dios. La Biblia dice: “Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra” (Salmo 124:8). Dios es ciertamente capaz, él es el creador del universo. Él fue el que llamó a todas las cosas a la existencia con su palabra todopoderosa y él que controla el curso de su creación. ¡Por supuesto que podemos confiar en el Dios omnipotente! Siempre está dispuesto a ayudarnos.
La mayor ayuda que Dios nos ha proporcionado es el haber enviado a su Hijo desde el cielo a vivir con nosotros en la tierra. Necesitábamos su ayuda porque nuestros pecados nos separaron de Dios y del gozo de vivir eternamente con él. Jesús restauró nuestra relación con Dios al soportar el castigo que nosotros merecíamos. Él es nuestro ayudante que murió y resucitó de entre los muertos para darnos la esperanza del cielo.
En Jesús tenemos toda la ayuda que necesitamos, Es por eso que lo adoramos. Lo invitamos a compartir con nosotros la alegría de alabar su grandiosa ayuda.