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¿Qué enseña Jesús sobre la Esperanza?

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Es increíble la gran cantidad de costumbres que existen en las bodas de nuestro país. Algunas son buenas, otras no tan buenas. ¿Alguna vez ha participado en el baile “pajaritos a volar”? Aunque el disc jockey nunca pone las canciones que yo pido, disfruto de todas las bodas y anticipo su llegada.

En los días de Jesús, hace unos 2000 años, las bodas eran diferentes. La costumbre era que cuando una pareja judía comprometía, el novio buscaba y preparaba una casa o una habitación para su prometida. Al regresar, el novio tomaba a su prometida en sus brazos y la llevaba a la ceremonia nupcial.

Una parte de la historia suena muy romántica, pero por otra parte la mujer esperaba ansiosa, porque no sabia cuando iba a regresar su prometido. Estas jóvenes tenían una gran confianza en que sus novios regresarían a casarse y que llevarían una vida gloriosa. Es posible que después de una larga espera de parte de la novia, pudo haber duda de que volviera.

Jesús sabía que al dejar el mundo, la esperanza de sus seguidores de que él regresaría podría fácilmente pasar de una fe segura a una duda quejumbrosa. Así es que antes de morir, Jesús les explicó que ellos podían estar confiados en que regresaría y los llevaría al cielo con él.

Jesús da esta promesa segura a todo el que tiene esperanza en él: “En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:2,3).

Es probable que usted tenga la esperanza de obtener un aumento de sueldo, de que su equipo favorito gane la serie mundial, e incluso de que haya encontrado “su media naranja”. No obstante, nuestros sueños y esperanzas no son seguros. La relación puede tornarse amarga, el empleo puede perderse o el equipo favorito puede fracasar a lo largo de la temporada. Sin embargo, lo maravilloso de Jesús es que podemos poner nuestra completa confianza en él y saber que él nunca nos fallará. En Jesús tenemos verdadera esperanza.