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¿Qué enseña Jesús sobre los Desasters?

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Tres personas estaban de visita en el Gran Cañón: un artista, un pastor y un vaquero. Mientras estaban parados al borde del masivo abismo, cada uno reaccionó con un grito de exclamación. El artista dijo: “¡Qué escena más hermosa para pintarla!” El ministro gritó: “¡Qué maravilloso ejemplo de la obra de la mano de Dios!” El vaquero, meditando, dijo: “¡Qué lugar más terrible para perder una vaca!”

Una misma escena puede emocionar a una persona mientras que puede aterrorizar a otra. Temprano en nuestra vida todos nosotros pudimos haber temido el gran estruendo y el repentino resplandor de los fuegos artificiales.

Todavía quedan cosas a las que los adultos temen, pero no tienen porque temer. ¿Qué es lo que le asusta a usted? Jesús ataca algunos de los temores de los adultos:

“Se levantará nación contra nación...
Habrá grandes terremotos, hambre y epidemias por todos partes...
Habrá terror y grandes señales del cielo...
Se desmayarán de terror los hombres...” (Lucas 21:10,11,26).

Las guerras, el terrorismo, los desastres naturales y los cometas que destruyen planetas nos asustan. Si no hubiera más después de esta vida, entonces los desastres serían sinónimo de desesperación, pero no es así, Jesús nos lo asegura. Él nos recuerda que todo está bajo el control amoroso de Dios y le llama a estos eventos señales que son como dolores de parto. Esas contracciones son entre los peores dolores del mundo, pero también señalan que una maravillosa entrega de nueva vida está cerca: “Cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca” (Lucas 21:31).

Algunos fuegos artificiales poseen la fuerza de un cartucho de dinamita y hacen que un niño pequeño sienta la explosión, se aterra y esconde su cabeza en el hombro de su mamá o papá. Los adultos saben que los ruidos y los destellos de luz no les harán daño, y miran hacía arriba en espera del próximo. Así mismo nos anima Jesús a que no sintamos miedo ni escondamos la cabeza ante lo malo de este mundo: “Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su redención” (Lucas 21:28).

¿Cómo se siente en cuanto a las señales de los tiempos? El mismo Jesús que calmó los furiosos vientos de una tormenta y que resucitó de entre los muertos, nos dice que no sintamos pánico ante las penosas señales de la naturaleza ni de la sociedad. Él pagó el precio por todos nuestros pecados, así que podemos esperar ansiosos su regreso; Aquel que enjuicia es también nuestro Salvador, Jesús. Nos encantaría compartir estas buenas noticias con usted.