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¿Por qué debería levantarme en la mañana y seguir viviendo?

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Yo siempre he querido ser una persona mañanera, es decir, el tipo de persona que va silbando camino a la ducha o que canta mientras se viste. Desafortunadamente, no soy ese tipo de persona. Soy uno de esos que tiene una adicción al botón del “snooze”, es decir, el botón que hace que cada cinco minutos vuelve a sonar la alarma. Nunca me levanto la primera vez que suena, y por consecuencia, casi siempre ando apresurado en la mañana tratando de no estar tarde para los quehaceres del día.

La palabra de Dios es como una alarma que está sonando. Cada vez que tenemos pensamientos lujuriosos o decimos malas palabras o contamos chistes rojos, suena esa alarma. El diablo nos tienta a presionar el botón del “snooze” de nuestra conciencia y seguir durmiendo en el pecado. Pero el no despertar a nuestro pecado es más serio que llegar tarde para una junta. Si ignoramos lo que Dios ordena, eventualmente vamos a despertar a una realidad terrible. En la Biblia leemos: “Viene el castigo de Dios sobre los que viven en la desobediencia” (Efesios 5:6). Aun si intentamos escondernos abajo de la colcha de la negación, no podemos ni vamos a poder escapar de la alarma que anuncia la justicia de Dios.

La alarma de Dios está sonando para nosotros: “Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).

Jesús es la luz del mundo que vino para disipar la oscuridad que nos encubrió en el pecado y la muerte. Su luz brilló cuando fue colgado en una cruz para así con su muerte liberarnos de la muerte. Y luego su luz resplandeció en brillantez cuando resucitó de la muerte para probar que él es el Salvador del mundo. A través de las buenas nuevas de la palabra de Dios, la luz de Jesucristo brilla en nosotros, despertándonos del sueño del pecado y de la oscuridad de la muerte.

Tengo que esforzarme a no seguir presionando el botón del “snooze” por la mañana. Pero doy gracias a Dios por Jesús cuya luz de la cruz y de la tumba vacía resplandece en nosotros. Guiados por su luz podemos levantarnos en la mañana “dando gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:20).